¿Te consideras culto? Compruébalo

En nuestras vidas recibimos mucha información y acumulamos conocimientos, pero  ¿es suficiente para ser culto?

Una definición de cultura podría ser todo aquello que nos enriquece y cultiva, que nos ofrece herramientas para comprender mejor el mundo.

A partir de aquí, nos encontramos con los típicos sabelotodo o listillos que creen doctos en cualquier tema pero que en su vida han leído un libro, han visto una película de manera crítica, que no saben apreciar la sensibilidad de la música, que el viajar es solo entretenimiento y no cultura, que para ellos, el conocimiento viene por sí solo, que se dedican a vivir, pero sin pensar más allá. En estos casos, la cultura asume la forma de arrogancia, desdén y menosprecio hacia la personas que si se cultivan.

La diferencia está entre una persona verdaderamente culta y aquella que ha adquirido conocimientos y que piensa que le coloca por encima de los demás. Vamos a ver las diferencias entre la persona culta y la que no lo es:

  • Respetan a las personas. Son siempre amables, gentiles, educados y dispuestos a  acercar posturas ante los otros. Si viven con alguien y no es posible la convivencia, no dicen “nadie puede vivir contigo”. Son tolerantes, asume su responsabilidad y no colocan sus culpas sobre los demás. Tienen flexibilidad para aceptar formas de pensar y actuar diferentes.
  • Máxima sinceridad y temor a la mentira. No mienten aunque sea pequeña. Consideran que hacerlo significa insultar a la persona que lo recibe. No aparentan, su comportamiento dentro y fuera de casa es el mismo. No presumen ante los más humildes. Por respeto, callan más que hablan porque consideran que se aprende más escuchando que hablando. Reconoce lo que no saben y no mienten para intentar una imagen que no son.
  • No son vanidosos. No necesitan reconocimiento, no precisan que nadie les explique sus problemas para sentirse consejeros y así ser reconocidos. Temen ser reconocidos por sus cualidades. No hacen halago de ostentación. Siempre se mantienen en la sombra ante un posible reconocimiento.
  • El cultivar el talento es importante. Sacrifican horas de sueño, son conscientes de su talento y el compromiso para desarrollarlo. Les importa crecer como persona, aunque implique sacrificios, son perseverantes.
  • No se menosprecian para despertar compasión. No mueven ni un dedo para apelar al corazón de las personas. Son dignos, no se lamentan ni lloran para ser consolados. No manipulan ante sus desgracias para su interés. Ante un problema, buscan soluciones.
  • Tienen una intuición estética. Se dan cuenta que cuando no hay inteligencia hay mentira constante. Quieren creatividad, frescura, elegancia, humildad, etc. Son intuitivos y no luchan en batallas perdidas de antemano porque comprenden la limitación de la esencia humana y no piden a los otros más de lo que pueden dar. Son pragmáticos, objetivos y buscan la autenticidad, no solo en ellos sino también en los demás.
  • Sienten simpatía por todas las personas y seres vivos. Son sensibles, empáticos no solo con lo que ocurre a su alrededor sino con lo que pasa en cualquier parte del mundo.
  • La cultura da libertad. Desde una perspectiva global de cultura son más tolerantes y libres. Cuidan la mente, la capacidad de creación, el cuerpo, las emociones que permite mantener un equilibrio personal y una actitud constructiva ante la vida. También existe una cultura profesional que no solo se limita a ser bueno en el trabajo, sino también en disfrutarlo. Preservar el tiempo de ocio para cultivarse hace que en su conjunto se blinden  a manipulaciones y sean más libres.

Espero que si no con todas, te sientas identificado con algunas de las características citadas. Intenta trabajar y mejorar  las que tienes menos desarrolladas.

Analogía Comunicación Digital

Terrassa, 2 de octubre de 2020

Fuente: Rincón de la Psicología

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